Por: Tania Palacios Kuri
La habitación de cuarta está en un segundo piso…y está ocupada. Curiosa coincidencia.
Mientras se habla de construir un “segundo piso” para el país, hay historias que nunca lograron salir del primero.
En recepción nadie preguntó cuando la vieron entrar con la cabeza agachada y con su manita tomando a un mayor de edad cuya legal relación nunca se verificó.
No hubo equipaje pero hoy, Ana, de 12 años, carga una maleta que no se documenta: la de una vida marcada por el turismo sexual infantil.
Esta es la base del iceberg de la crueldad.
La que no sale en folletos. La que no entra en los paquetes todo incluido.
Al “Ojos”, 14 años, le dieron un arma antes que un libro… y le llamaron camino.
Luis, 10 años, aprendió a vigilar esquinas… porque nadie vio por su infancia.
Valeria, 9 años, desapareció del mapa… pero no de la deuda del país.
Sofía, 8 años, existe… pero el Estado aún no la encuentra.
Dicen que el perro es bravo… pero tiene bozal de canasta rígida: permite respirar, permite sobrevivir…pero no le deja ladrar la verdad.
Esto pasa donde coinciden: anonimato, corrupción, crimen abrazado al poder, dinero y falta de controles.
La puerta de la habitación 2026 no se abrió sola.
Ese es el verdadero problema: un sistema donde el silencio se vuelve parte del servicio.
México será sede de la Copa Mundial de la FIFA 2026, recibiremos millones.
Entre el olor a pasto recién podado, porras y optimismo existe el turismo que no se ve en los folletos. El lado oscuro del México que explota a su niñez y que se ubica en el penoso y doloroso segundo lugar a nivel mundial en materia de turismo sexual infantil.
Y aquí hay que decirlo claro:
El Mundial no es el problema. El Mundial es una oportunidad. Es vitrina. Es economía. Es orgullo. Pero también es prueba.
Porque los grandes eventos no inventan los riesgos, los amplifican. Brasil 2014, Rusia 2018: no es teoría, es patrón.
Por eso México tiene que decidir qué tipo de anfitrión quiere ser.
Uno que solo abre estadios o uno que cierra puertas al crimen.
En el marco del Día del Niño, el año pasado por unanimidad, se aprobó en la Cámara de Diputados una iniciativa que presentamos para obligar a centros de hospedaje y de prestación de servicios turísticos a: verificar la legal relación entre adultos y menores, detectar señales de trata, activar protocolos y medidas frente sospechas.
La habitación 2026 sigue ahí. Aunque la reforma a la Ley General de Turismo ya fue aprobada por la Cámara de Diputados y ha avanzado en comisiones del Senado, sigue atrapada en esa zona gris donde muchas veces se congela lo urgente y sobrevive la indiferencia.
No se trata de un pendiente legislativo más, sino de un desnudo de prioridades. Es la decisión de si México va a seguir administrando el horror o por fin va a ponerle un límite.
Porque mientras se afinan las canchas hay otra selección nacional que nadie quiere ver: la de niñas y niños convertidos en mercancía sexual dentro del turismo.
No llevan uniforme.
No salen en televisión.
Pero también están jugando… y están perdiendo.
Por eso lanzamos la Alianza Viaja Seguro. Un acuerdo que cruza gobierno, sector turístico y sociedad.
Y México llega tarde a esa conversación. Llega con niños soldados en su propio país, que no están soñando con meter goles, están aprendiendo a cargar armas.
Aquí es donde las iniciativas, tres de ellas aprobadas en el Pleno de la Cámara de Diputados, deberían ser la canasta básica legislativa:
Tipificar y combatir el reclutamiento infantil por el crimen organizado.
Combatir al turismo sexual infantil.
Agravar penas a quienes utilicen menores en actividades delictivas.
Crear una agencia especializada desde la Guardia Nacional enfocada en niñez.
Combatir la trata en contexto de viajes y turismo.
El monstruo no siempre grita. A veces sonríe en recepción. A veces paga en efectivo. A veces se disfraza de familia. Y ahí es donde el Estado falla:
El Mundial 2026 será una vitrina.
El mundo verá nuestras ciudades, nuestros estadios, nuestra capacidad de organización.
Pero hay moretones que no se pueden maquillar:
¿Cómo evitaremos que se convierta también en una temporada alta para el crimen?
Proteger a la infancia no es agenda. Es frontera.
Que venga el Mundial.
Que vengan los goles, la fiesta y el mundo.
Pero que no vengan más infiernos en nuestros paraísos. El gol está en la infancia.